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La Coctelera
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De la alegría a la tristeza

Es curioso ver la rapidez con la que paso de sentirme feliz a sentirme mal. No hace falta que nada malo ocurra, es sólo un cúmulo de cosas que van agrupándose en mi cabeza hasta que la hacen estallar.

Quiero ser capaz de hacer tantas cosas, y ver cómo fracaso día tras día en todo lo que intento me oprime el alma. Ahora no me siento capáz de nada, no puedo ofrecer nada pues soy tan insignificante...

Espero que sea algo efímero y mañana ver que todos mis fantasmas se han alejado, levantarme con una sonrisa, para no hacer que la gente que me quiere a pesar de mi insignificancia no sufra por mí, ya que de ser así el abismo se haría cada vez más grande.

7

Me siento bién.

Hace poco más de una semana se me ocurrió la idea de crear un foro de literatura. Sé que foros de este estilo hay muchos,pero me hacía mucha ilusión tener el mío propio.

La verdad es que nunca imaginé que el pequeño proyecto diera sus frutos, pensaba que a los cuatro días lo iba a eliminar del mapa, por no tener ni a un solo registrado, pero mi sorpresa fué ver cómo familiares y amigos se volcaron tanto como yo en sacarlo para adelante, y aunque no es gran cosa lo hemos conseguido, ya que seguimos siendo pocos, hemos sido capaces de crear entr todos un ambiente de lo más grato.

Recibo pocas visitas, y aún no se ha registrado nadie que yo no conozca de antes, pero aún así estoy feliz.

Bueno, espero que poco a poco nuestra familia vaya creciendo, que no nos quedemos solicos para siempre, y desde aquí invito a todo aquel que le guste leer o escribir a que nos visiten, y si les gusta, a que entren a formar parte de nuestra humilde casa. Los brazos estarán abiertos para todo aquel que decida llamar a la puerta.

Este es el enlace.

http://tallerliterario.creatuforo.com/index.php

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Fanfín, Finfán

Fanfín era pequeño ,un pequeño elefante. Vivía en la selva junto a su familia ,otros elefantes más grandes. Era feliz , feliz imaginando ser otro ,imaginando ser un duende.

Jugando junto al rio se le ocurrió una gran idea ,una idea que pronto se dispuso a llevar a cabo ,y al cabo de unos minutos cabeza y trompa cubrió de musgo ,su cuerpo vistió con hojas . Replegó sus orejas ,alzó su mirada al cielo ,y sin verse veía como las arrugas de su nuca simulaban ojos y boca. Se puso a dos patas y aprendió a caminar de espaldas ,retrocediendo el elefante ,para que avanzara el duende.

Finfán era grande , grande para ser un duende. Vivía en la selva junto a su nueva familia, todos los demás duendes. Era feliz ,feliz imaginando ser otro ,imaginando ser quien era antes.

Jugando junto al rio se le ocurrió una gran idea ,una idea que pronto se dispuso a llevar a cabo, y al cabo de unos minutos divisó a los elefantes ,corrió tras ellos para alcanzarles. Ellos le vieron , huyeron espantados. Bajó sus ojos al suelo, miró su reflejo en el rio, cabeza y trompa cubierta de musgo, hojas por todo su cuerpo .Ya no era un elefante, ya tampoco era un duende. Se puso a cuatro patas ,volvió a mirar su reflejo y preguntó ¿Quién eres?

3

Griso

Cuando llegaron a la orilla para darse su habitual chapuzón matinal se dieron cuenta de que lo que antes había sido un mar se había convertido en un gran abismo.
-No es posible- Dijo Griso-el mar debe estar en alguna parte.
Rodearon la pequeña isla en busca de algún indicio de agua,pero en todas partes encontraron el mismo vacio.

Pasaron algunos dias,y poco a poco todos los habitantes de la isla no pudiendo soportar la ausencia de lo que hasta ahora había sido su vida, uno a uno fueron precipitándose al abismo. Todos menos Griso,que se quedó sentado al borde del precipicio,mirando allá a lo lejos
Y vivió feliz, feliz con la esperanza de que un día volviera el mar.

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En el recuerdo

-¿Está muy lejos el lugar a donde vamos?
-Un poco.
-y.. cuando lleguemos...¿que pasará?
-No lo sé.
-¿Es un lugar peligroso?
-Creo que sí.
-Pero no nos pasará nada...¿verdad?
-Lo intentaremos.
-¿Y si nos pasa?
-No pienses en eso.
-¿En qué quieres que piense?
-En que ahora estamos aquí,caminando.
-¿Y no podemos dar la vuelta y regresar?
-Sabes que no.
-Estoy cansado.
-Yo tambien.
- Si me caigo... ¿Me tenderás la mano?
-Siempre.
-¿Y si no puedo levantarme?
-Te llevaré a cuestas.
-¿Tienes miedo?
-Un poco.
-¿Duele morir?
-¿Por qué preguntas eso?
-¿Duele?
-No lo sé.
-Yo no quiero morir.
-Nunca lo harás.
-Tampoco quiero que mueras tú.
-Tranquilo,no moriré.
-¿Estás seguro?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque siempre habrá alguien que nos recuerde.

0

La trova de Edgardo

El cielo comenzaba a clarear,las calles estaban sumidas en una profunda tranquilidad y solamente se alcanzaba a oir el breve susurro de las hojas de los árboles al caer y el dulce trino de los pájaros que ya habían salido de sus nidos para cantarle a un nuevo amanecer.
Edgardo salió de su casa y contempló el cielo maravillado,y mientras que en su rostro se dibujaba una amplia y tierna sonrisa,en sus ojos se reflejaba una tenue lucecita de desolación. Después de permanecer unos minutos absorto en sus pensamientos miró a su alrededor y observó que tenía mucho trabajo por hacer,así que cogió su vieja y malgastada escoba,expiró un leve suspiro de resignación y comenzó a barrer las calles. En realidad a Edgardo no le disgustaba su trabajo,pero lo que él siempre había soñado era ser trovador.Soñaba que todo el pueblo se reunía en torno suyo para escuchar los versos que él hacía,y al acabar todos le regalaban una sonrisa y lo sumergían en un mar de aplausos. Pero por desgracia aún no había conseguido alcanzar la inspiración necesaria que le llevara a encontrar esos versos con los que había soñado tantas veces.
De repente,mientras barría,se le ocurrió la idea de ir un día a un recóndito lugar del bosque que solo él conocía;era un sitio muy hermoso y pensaba que estando allí la imaginación invadiría su mente con más facilidad. Y así lo hizo,esa misma tarde emprendió el camino hacia el bosque acompañado de unas cuantas cuartillas y de su inseparable pluma.
Una vez que había llegado allí buscó el lugar más apropiado para ponerse a escribir,y después de merodear un buen rato por los alrededores optó por sentarse a la sombra de un viejo sauce que había junto a un lago de agua cristalina,y estaba rodeado de hermosos árboles,algunos de ellos de especie desconocida. Allí permaneció enmudecido largo tiempo respirando el dulce aroma de las flores y los àrboles, y escuchando los secretos que guardaba su silencio. Y cuando por fín se decidió a plasmar en el papel todo aquello que le dictaba su alma, comenzó a escribir verso tras otro,formando así un bellísimo poema; y el clamor del viento y el rumor de las aguas al correr le dieron a conocer la melodía que debía acompañar a sus versos.
Cuando hubo acabado lo recogió todo con rapidez,estaba ansioso de llegar al pueblo para mostrar su canción a todo el mundo. Lo había logrado,por primera vez en su vida conseguiría algo que realmente deseaba,por fín podría culminar su sueño más ansiado. Regresó tan pronto como sus piernas le permitieron. Entró precipitadamente en su casa para salir después con una vieja guitarra deseando ser tocada, y sin perder un minuto se dirigió hacia la plaza ,donde siempre había multitud de niños jugando acompañados de sus padres y donde los ancianos se reunían para charlar. Llegó hasta allí y comenzó a tocar los primeros acordes de la melodía y a pronunciar las primeras palabras del poema,pero la gente no parecía notar su presencia,ni se inmutaron,no escuchaban la canción que Edgardo les estaba regalando,y éste cantó con más fuerza para que lo oyeran,perto era imposible,todos le ignoraban. Guardó silencio durante un rato para luego volver a intentarlo una y otra vez,pero siempre corría la misma suerte,nadie le hacía caso.
La noche comenzó a apoderarse del pueblo lentamente,y todos los presentes se retiraron a sus casas poco a poco,al final allí quedó Edgardo,solo,triste,melancólico,afligido...
Cogió su guitarra y cantó por última vez,aún le quedaba la esperanza de que al menos la luna y las estrellas pudieran escucharle,y apreciarle y comprenderle. Cantó, y cuando hubo terminado notó como unas gotitas caían sobre él,recogió,se levantó y comenzó a caminar rumbo a su casa con los ojos fijos en el suelo.
Se marchó pensando que su canción había fracasado,que lo único que había conseguido había sido provocar la lluvia,se marchó y jamás pudo enterarsa de que aquellas gotas que cayeron sobre él esa noche no eran de lluvia,sino que eran ls lágrimas de la luna que estaba llorando de emoción,se marchó sin saber que aquellas palabras surgidas del silencio oculto en su interior no podían ser escuchadas por unos simples oidos.

3

Te sigo queriendo Elvira

1

Mientras cruzaba la calle su corazón dio un vuelco al escuchar el tintineo del llavero que llevaba en sus descoloridos vaqueros , aún no podía creer que jamás volvería a utilizar aquellas llaves, su pequeña cabeza no podía comprender el por qué. Ella había vuelto a dar aquel portazo ,el mismo que daba cuando recibía una visita no grata, y en esta ocasión él había sido el destinatario de aquel golpe seco delante de sus narices, acompañado de unas palabras que jamás podría borrar de su mente: “ Esta ya no es tu casa, ahora vivo con otro hombre.”
De repente volvió a oír su voz que le gritaba desde la ventana : “¡Está nublado, toma, por si llueve!.” Y le lanzó un viejo paraguas. Gabriel sonrió irónicamente cuando lo recogió del suelo y vio que se trataba del primer regalo que él le había hecho, aquel paraguas que encontró tirado en la calle una fría tarde de invierno y en cuyo interior escribió las palabras “Te sigo queriendo Elvira”, para que ella pudiera leerlo cada vez que la lluvia amenazara con mojar sus sentimientos, y pudiera sentirse así un poquito más resguardada.
Gabriel caminaba despacio, no tenia prisa por llegar a ninguna parte, de hecho no tenía ningún sitio a donde ir. No tenía trabajo, en su cartera solo había unas monedas, no le quedaba más remedio que aceptar la cruda realidad y buscarse un rinconcito para pasar la noche, esa noche, y la siguiente y la siguiente, y la siguiente…

2
El viejo vagabundo de la “Plaza de las flores” era conocido en toda la ciudad y querido por todos, aunque algunos consideraban que estaba un poco loco, siempre con su paraguas a cuestas . Él no era de esos que iban pidiendo de mesa en mesa en las terrazas de los bares y cafeterías, lo que él hacía era observar a la gente detenidamente y cuando alguien captaba su atención por cualquier motivo, les escribía un poema, se acercaba a dicha persona, se lo entregaba y con las mismas volvía a su rincón en busca de una nueva fuente de inspiración. No lo hacía por dinero, aunque eran muchos los que arrojaban monedas a su lado, y siempre ganaba lo suficiente para poder comer.
Un joven periodista decidió escribir un artículo acerca e este misterioso hombre, para publicarlo en un periódico nacional, y pronto “el poeta del paraguas" se convirtió en una nueva atracción turística; la mayoría de los que visitaban la ciudad iban a la plaza a tomar un café en las terrazas esperando a ver si el vagabundo escribía algo para ellos, otros incluso se acercaban a él y le pedían que le dedicara un poema, pero no era así como él trabajaba.
Un nublado día a mediados de octubre, una bella anciana fue la destinataria de los versos del poeta, y fue sólo cuando se acercó a ella para entregárselo cuando pudo verle los ojos y reconocer a la dueña de aquella mirada. No dijo nada, puso el poema en sus manos, y se marchó .
Al cabo de unos minutos ella se levantó y caminó hacia el viejo, él miraba hacia otro lado, pero notaba como ella se iba acercando, media su proximidad basándose en la velocidad de los latidos de su corazón.
“ Es precioso” comentó, “ pero yo no lo merezco”, dijo mientras se lo devolvía.
Él callaba.
“ ¿Sabe? Hace muchos años tuve una novio que también me escribía poemas, pero yo nunca los leía" Su cara se entristeció
“¿ Y que fue de él?” Musitó el vagabundo.
“No lo sé, nunca le he vuelto a ver.” Calló durante unos segundos. “ Solo espero que me haya olvidado, y si me recuerda mantengo la esperanza de que piense que hubo un día en que le amé, ya le hice mucho daño en su día, pero al menos nunca sabrá que nunca estuve enamorada de él".
De repente la lluvia desató su furia cayendo violentamente sobre ellos. Él abrió su paraguas , le ofreció acompañarla a algún lugar bajo techo, y mientras caminaban Gabriel sólo podía pensar una cosa : “No mires hacia arriba, no mires hacia arriba…”